El
cerebro, junto al corazón, es quizá el órgano más importante, complejo y
delicado del cuerpo humano. Debido a su importancia y relevancia en la vida
útil del cuerpo humano y en todo lo que esto implica (relaciones sociales,
variables culturales, ideologías políticas, etc.) ha sido objeto de estudio
desde tiempos de antaño y por un número interminable de científicos interesados
en su funcionamiento, enfermedades y virtudes.
Inicialmente,
se interpretaba el cerebro como una máquina rígida que nacía con nosotros con
un mapa neuronal que no podía ser sometido a cambios o alteración alguna
después de la niñez. Según estas viejas teorías, el mapa cerebral, después de
la infancia, dejaba de ser maleable y no existía factor alguno que pudiera
cambiar nuestras posturas, puntos de vista e ideas. Postulados que con el
tiempo fueron deleznándose entre nuevos estudios científicos que demostraron lo
erróneo de estas teorías.
En
el capítulo “Los caminos vitales” (Carr, 2012) , hacen una explicación de este cambio de paradigma y
empiezan hablando de la influencía que tuvo una máquina de escribir en el
pensamiento de Nietzche y cómo sus redes cerebrales se volvieron hacía la
influencía del aparato tecnológico que innovaba en ese entonces y lograron
transformar su forma de escribir en modos más rígidos y serios de expresión.
Lo que esto demuestra es que las teorías de la red rígida
mental estaban en un error: los mapas cerebrales se van configurando de acuerdo
a las experiencias, ideas aprendidas y otras condiciones cambiantes; “es la manera en que nos adaptamos a las
condiciones cambiantes, la forma en que aprendemos nuevos datos y la forma en
que desarrollamos nuevas habilidades” (Carr, 2012) . Esta frase es
la fiel muestra de que nuestras formas de actuar, pensar y percibir las cosas
no se determinan únicamente de las experiencias de la niñez y a pesar que esas
nuevas y constantes reorganizaciones cerebrales, en cuanto a sus mapas y
caminos vitales, se van disminuyendo con el paso de los años y sus estragos
biológicos en el cuerpo humano, jamás terminan de existir mientras el cuerpo
esté vivo.
Para llegar a estas conclusiones, los científicos que
demostraron estos mapas maleables, encabezados por Michael Merzenich,
experimentaron en personas y animales. Este primer científico experimentó con
un grupo de monos; primero, logró con electrodos conectar el cerebro a una
máquina que leía su actividad; luego, estimuló la mano de algunos primates y la
máquina detectaba los movimientos químicos entre las neuronas que cubrían esta
zona sensible del cerebro; después, hizo ciertas incisiones en las manos de los
simios, seccionando sus nervios y se dio cuenta que con el tiempo se iban
regenerando y con ellos, el mapa mental iba recomponiéndose hasta que quedara
igual a como estaba antes del corte; por último, notó que los simios
recuperaban su sensibilidad a medida que el nervio cortado se iba regenerando
al tiempo que el camino neuronal se reestablecía.
Pero esta teoría tan bien demostrada tiene su contraparte:
estos mapas mentales que vamos haciendo y que simulan un río abriéndose paso
entre la tierra y que siempre van a querer que sus aguas recorran el mismo
camino. Esto es, que la creación de estos caminos vitales son parte de las
patologías y vicios que vuelven hábitos las cosas y luego el desprendimiento de
estas actividades, sean nocivas o benéficas, sea complicado para el gran órgano,
“el cerebro tiene la capacidad de
reprogramarse sobre la marcha, alterando la forma en que funciona” (Carr, 2012) .
Para finalizar, quisiera anotar que me parece importante,
como comunicador, saber y tener conocimiento de cómo el cerebro humano procesa
lo que recibe porque es bastante útil para nosotros que tenemos en nuestras
manos el poder más importante y pesado de la tierra: la información. También,
podemos relacionar este proceso natural y empírico (racionalismo y empirismo,
dos corrientes que se complementan en la sinapsis) con la influencía que ha
tenido en las nuevas generaciones la Sociedad de la información, con su
innovación tecnológica que ha logrado cambiar las formas en las que actuamos,
estudiamos e interactuamos con la gran aldea global que habitamos y a la que
día a día nos vamos adentrando y contribuyendo.
Bibliografía.
Carr, N. (2012). ¿Qué
está haciendo internet con nuestras mentes? Bogotá D.C: Taurus.
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