miércoles, 10 de octubre de 2012

Conspiración del miedo: ¿visión futurista?

Así como George Orwell pronosticó en su novela 1984 un abuso de las tecnologías en pro del poder y el despotismo, esta película anuncia lo que tal vez el futuro no lejano pueda traernos: las máquinas que nos gobiernan.

Este filme consiste en una conspiración que es comandada por "Aria", una máquina que tiene absolutamente toda la información social, política, económica, familiar y cultural de todos y cada uno de los habitantes de Estados Unidos. Esta máquina ha adquirido tanto poder gracias a los ajustes y aportes del hombre humano y su afán por innovar en el poder, que ya es capaz de pensar sola y planear el futuro de un país, por sí sola. Los protagonistas son Jerry y Rachel, dos ciudadanos gringos que se ven obligados por la siniestra máquina que controla todo el país con el fin de hacerlos trabajar para ella y su malvado fin: asesinar al presidente y su gabinete, con la excusa de inconsistencias en el gobierno y un supuesto régimen.

La explicación que este filme le da a esa avanzada tecnología, que pasa por encima de un imperio entero, no es en vano. Cada día las tecnologías y todos los inventos del hombre avanzan con una rapidez increíble y una innovación espectacular que ya nos deja llevar el mapamundi en una aplicación para celular o a pasarnos  una foto entre dispositivos, en una velocidad de segundos. Esto nos lleva a pensar, imaginar o idear que tarde o temprano vamos a terminar siendo objetos de las máquinas que nosotros mismos hemos traído al mundo y alimentado con nuestras ansias de avance y de control.

No estoy condenando, de ninguna forma, el control de la humanidad o la búsqueda de cierto orden que nos lleve a hacer las cosas mejor, pero estoy temiendo un siniestro y tal vez inevitable fin del dominio humano en el mundo, ya que lo único que no hemos podido controlar hasta ahora es el destino, el clima y la naturaleza. No queda mucho por decir, cada día estamos más controlados por las máquinas que nos conocen cada día más, que nos escarban en la intimidad, que nos controlan las fotos, que nos leen los mensajes privados, que nos conocen los amigos y la familia. Esto es como tener otra alma, que nos conoce profundamente, que no podemos engañar, que siente lo que tenemos, que tiene lo que sentimos, que es parte nuestra e inevitablemente, parte importante y fundamental.

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